jueves, 21 de noviembre de 2019

Día veintitrés. Cielos de colores

Una de las cosas más maravillosas que puede uno ver a lo largo de su vida, es el cielo, lleno de nubes y colores, extendiéndose inmenso ante nosotros cambiante como la vida misma, unas veces tan frío y sombrío, otras tantas con más colores e intensidad de los que podemos definir de los que podemos definir.


Uno puede observar en el cielo una maravilla cada día al amanecer, un sol intenso, brillante y ostentoso que no te permite que lo mires a los ojos, o un sol tímido y rojizo que se asoma lentamente por el horizonte, como una naranja fresca o un tomate colorado.


A veces las nubes corren por el cielo como corderos por los montes, sin mirar atrás, todas juntas todas claras, llenas de luz, llenas de vida, suave y sigilosamente surcan el cielo como las barcas que surcan la mar.


El cielo es siempre el mismo, y siempre miras el mismo lugar, sin embargo el paisaje cambia a cada minuto, si miras con atención el mundo no lo miras dos veces igual.
Vivo en una ciudad llena de personas que caminan mirando los pies, mirando sus manos, y aseguran que el camino es aburrido, que es repetitivo, yo miro hacia arriba, y nunca le he visto a ningún sitio su par.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario