Las nubes tienen miles de formas, pero contrario a lo que pueda pensar la mayoría de las personas, las nubes tienen una cara definida, todas de la misma forma, como si todas juntas formaran parte de un infinito rompecabezas celestial, si pasáramos más tiempo mirando al cielo, veríamos que las nubes tienen, al fondo, una cara "plana", al menos en apariencia, curvada en la forma de la bóveda celeste.
Mirar arriba, mirar al cielo nos permite ver el mundo de formas diferentes, las cosas pueden no tener la forma que aparentan, las nubes, en su claro ejemplo, asemejan pequeñas babosas que se deslizan por el firmamento, fijas en una cúpula imperceptible, aparentando tantas formas y figuras, pareciendo siempre tan diferentes, en su lento andar de caracolas, cuando una nube se rompe, cuando la lluvia finalmente cae, es un proceso maravillosamente imperceptible, se rompe la cáscara, se abre esa cúpula que la sujeta en el horizonte, y suavemente baja, con lluvia pesada o llovizna ligera. La nube se desvanece lentamente, se derrama al borde del firmamento por una grieta misteriosa en la burbuja atmosférica que la sostiene, y una vez que cae, el cielo no volverá nunca a ser igual, habrá perdido una pieza de su complemento, bajará la nube lentamente sobre nosotros y se volverá parte de nuestro ser, pero también nos volveremos parte de ella, y entonces, un día, cuando esa nube vuelva, en otro lugar, con otra forma, sobre una tierra diferente, seremos parete de ése mismo cielo.
Por eso hay que mirar al cielo, por eso miro hacia arriba la mayor parte del tiempo, porque en cada una de esas nubes hay una parte mía, una parte nuestra, una parte de nuestros sueños e ilusiones, y nos son tan familiares que les encontramos forma, sentido y razón, vemos algodón y vemos corderos, vemos rostros, vemos animales, vemos alas, vemos sueños, pero vemos también un reflejo de nuestros deseos, de los de cada uno de nosotros. Esa pequeña nube con forma de dinosaurio pudo ser el sueño tierno de un niño pequeño, esa nube grande que parece un cocodrilo aterrador, es el sueño del ansioso cazador, esos barcos, son las naves cargando nuestros más dulces sueños e ilusiones. Miremos las nubes y recordemos nuestros sueños de pequeños.


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