domingo, 10 de noviembre de 2019

Día trece. Un día normal.

Día a día la vida avanza, se abre camino en cada uno de nosotros y de todos esos seres pequeños o grandes que nos acompañan en nuestro viaje por el espacio en esta linda roca que llamamos hogar. A medida que el tiempo transcurre las personas formamos una rutina en nuestra vida, las cosas que de pequeños nos maravillaban se van transformando en situaciones cotidianas, nos acostumbramos al amanecer, a escuchar el canto de las aves, a ver las nubes atravesar el cielo, a los días de sol y los días de lluvia, las cosas pasan de ser llamativas y de despertar nuestra imaginación a ser una parte más de la vida, un pequeño parque se puede convertir en sólo una  parte más del camino, y día a día la vida va perdiendo su magia y se convierte, lentamente, en parte de la vida normal, dejamos de ver el cielo, bajamos la vista al camino, deambulamos por las calles presos del ruido, de las luces y sonidos de la ciudad, con la mirada atascada en los cientos de comentarios e imágenes en el celular, dejamos de ser partícipes del mundo para ser meros observadores de lo irreal, de lo falaz.

Pero la verdad más clara en todo esto, aquella que se esconde a simple vista es que la magia sigue ahí, nos rodea día a día aunque no levantemos la vista, aunque no seamos capaces de poderla apreciar, en un día como cualquiera el sol sale pintando en el cielo un amanecer único que nunca se repetirá, colores únicos, cielos rojos, nubes rosas, cientos de tonos que cambian lentamente, pinturas únicas que duran solamente un instante fugaz, un sol que se asoma por la mañana de formas tan diferentes que a veces pareciera una luz tenue que pudieras alcanzar; un día como cualquier otro podrías encontrarte caminando bajo un árbol frondoso lleno de aves diversas que cantan alegremente, que charlan entre ellas, a veces te parecería incluso que entiendes lo que dicen, podrías escuchar los insectos cantando alegremente en la hierba, echar en falta el pájaro carpintero que cada mañana veías picar alegremente el tronco de ese maravilloso árbol blanco, podrías notar las mariposas volar entre las flores, junto con los alegres colibríes, y ver las parvadas de aves recorriendo el cielo en migración, como en una maravillosa ola que se mece suavemente en el mar, podrías notar a la paloma enamorada, intentando llamar la atención de su paloma amada, verías los perros que juegan alegremente en sus patios meneando la cola, divirtiéndose con algo tan simple como un pedazo de cartón, alguno que otro gato sentado misterioso, haciéndose el interesante con su mística mirada y su actitud seria; si uno se detuviera un momento a apreciar el día a día veríamos que lo importante de esta vida no está en los negocios, en los tratos y acuerdos, que la belleza del mundo está en el día a día, en la magia de un día normal.

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