martes, 26 de noviembre de 2019

Día veinticinco. Música en el bus

Cada mañana uno se levanta para ir al trabajo o la escuela, con la expectativa de lo que te traerá un nuevo día, mirando hacia adelante. Es probable que como muchas personas vayas en auto, sólo o con tus padres o compañeros, quizá seas de los que prefieren hacer un recorrido saludable en bicicleta, o incluso caminando, pero es posible también que seas un poco como yo y te toque usar el transporte público, y conozcas entonces las cosas curiosas de éste recorrido compartido. 
Viajando en el bus basta con mirar un poco alrededor para ver tantas personas diferentes, tantas historias diferentes, hay quienes se esfuerzan por estudiar para un examen, intentando leer a través de los tumbos que da el autobús, hay personas que se ven angustiadas, preocupadas por el horario, que miran nerviosos al frente esperando que el autobús avance más rápido preguntándose por qué no se habrán levantado más temprano, también personas que miran por las ventanas atentas al mundo exterior, o con las miradas pérdidas más allá del horizonte, y personas que justo como yo ahora, viajan observando el mundo, con música en los audífonos, viendo como el mundo tiene un contexto diferente cuando el soundtrack es adecuado.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Día veinticuatro. Ajustes

Pasa el tiempo y día a día la vida cambia casi sin darse cuenta,  cambia el ritmo, cambian las relaciones, personas que solías ver a diario o tratar con respeto y cariño se pueden llegar a convertir en verdaderos extraños, y personas que no conocías llegan a ocupar un lugar importante en tu vida, personas vienen y personas se van, dejando sobre ti su huella imborrable, en ocasiones regresas a un sitio querido y recuerdas momentos en que la vida te sonreía, y una vez más, sientes que vuelve a sonreír.
Cambian los planes, cambian los sitios usuales, las rutas y los lugares, cambian las metas, las ideas los propósitos, los sueños toman forma específica y lo que veías como un futuro lentamente se convierte en algo palpable. La vida se abre ante nosotros llena de posibilidades y oportunidades, llena de caminos, retos y misterios, nos pone en situaciones difíciles tanto como nos allana el camino, a veces las cosas cambian lentamente, a veces el cambio es acelerado, a veces el cambio es tan abrupto que impacta nuestra vida más allá de lo que podíamos pensar, y otras tantas, el cambio es tan sencillo que cuando nos damos cuenta las cosas ya son completamente diferentes.
El cambio es bueno, el cambio es malo, no sé, creo que lo único verdaderamente cierto es que el cambio es cambio, y lo que sea para nosotros, lo que represente depende única y exclusivamente de nosotros, de nuestra situación, de nuestras expectativas, de nuestra esperanza, de nuestra actitud, de esa forma particular que tenemos de ver el mundo.
Todo cambia constantemente, todo se ajusta, rápido o lento, y esos ajustes siempre tienen consecuencias en nuestra vida, sea para bien o para mal.

Es curioso, una introducción tan larga para decir simplemente que en éste momento de mi vida estoy realizando cambios y ajustes, y es posible que no pueda escribir todos los días debido a ello, pero no me sentiré mal, quizá sea también parte de los ajustes, pero es que en realidad estoy convencido de que aún si no puedo seguir escribiendo todos los días por un tiempo, no lo abandonaré del todo, no me abandonaré, pues estos mismos ajustes son por mi.

Bueno, supongo que eso será todo por hoy, y me permitiré darle un consejo a aquella persona que lea esto algún día, acepta el cambio, abrazalo y hazlo parte de ti, después de todo es parte de la vida y parte de crecer.

Anexo un temita de cambio
Todo cambia, Mercedes Sosa

jueves, 21 de noviembre de 2019

Día veintitrés. Cielos de colores

Una de las cosas más maravillosas que puede uno ver a lo largo de su vida, es el cielo, lleno de nubes y colores, extendiéndose inmenso ante nosotros cambiante como la vida misma, unas veces tan frío y sombrío, otras tantas con más colores e intensidad de los que podemos definir de los que podemos definir.


Uno puede observar en el cielo una maravilla cada día al amanecer, un sol intenso, brillante y ostentoso que no te permite que lo mires a los ojos, o un sol tímido y rojizo que se asoma lentamente por el horizonte, como una naranja fresca o un tomate colorado.


A veces las nubes corren por el cielo como corderos por los montes, sin mirar atrás, todas juntas todas claras, llenas de luz, llenas de vida, suave y sigilosamente surcan el cielo como las barcas que surcan la mar.


El cielo es siempre el mismo, y siempre miras el mismo lugar, sin embargo el paisaje cambia a cada minuto, si miras con atención el mundo no lo miras dos veces igual.
Vivo en una ciudad llena de personas que caminan mirando los pies, mirando sus manos, y aseguran que el camino es aburrido, que es repetitivo, yo miro hacia arriba, y nunca le he visto a ningún sitio su par.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Día veintidós. ?

Me resulta irónico que me ha sucedido justo esto, y es que si alguien que lee esto ha leído desde el día uno, sabrá que justo ahí menciono la teoría que dice que si repites algo veintiún días se vuelve costumbre, y sin embargo me ha fallado justamente el día veintidós, así que supongo que es un buen momento para hablar un poco del fracaso y la frustración, quiero decir, el fallar una vez no significa que no lo siga intentando, pero un fallo si que ha sido.

Durante mucho tiempo pensé en comenzar un proyecto como este, en dedicar realmente tiempo a mis pasatiempos favoritos a lo que me gusta hacer, y de cierta forma se sintió mal el ver que me equivocaba cuando iba tan bien, sin embargo no me afectó tanto una vez que tomé la determinación de seguir a pesar de esto, sin embargo me enfrento a una frustración bastante más grande, y de la cual no hablaré de forma muy específica, basta con decir que tengo más de año y medio preparando algo que he querido lograr durante varios años y justo ahora, en el momento en que he estado más cerca de lograrlo simplemente he tenido que dejarlo de lado y deshacerme de ese año y medio de trabajo, y es más que difícil dejar algo así, abandonar un propósito con el que símplemente no puedes seguir adelante, dejar todo atrás y buscar un propósito diferente, acaso superior, que de nuevo te de confianza en ti mismo. No es fácil dejar algo que realmente quieres lograr, menos después de año y medio pensando que cada día estás un paso más cerca de lograrlo, y tener que dejarlo de lado deshacerte del avance y sin saber cuando podrás comenzar de nuevo o si podrás hacerlo, y sin embargo, intento pensar justamente en lo lejos que llegué con algo, y en el motivo superior que me hizo abandonarlo y me hace pensar que la vida está precisamente compuesta de decisiones en las que uno le da la importancia que quiere a cada cosa, a cada acción, situación, o persona, según su propia escala de valores y es precisamente la forma en que enfrentas esas decisiones, la forma en que afrontas tus fallos, lo que te define como persona, para bien, o para mal.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Día veintiuno. En blanco

Hay una pintura relativamente famosa que se ha hecho símbolo del arte moderno en muchos sentidos, la obra se llama "blanco sobre blanco", la he visto circular por las redes aunque creo que nunca le he puesto la atención suficiente para decir algo sobre ella. Sin embargo por el nombre mismo la he recordado en mi situación actual, pues estoy con la mente completamente en blanco, quizá en blanco sobre blanco porque se me escapan las ideas y no tengo siquiera un trasfondo para eso.

Es muy curioso, o al menos me lo parece, que uno pueda relacionarse con el arte visual de una forma tan sutil y significativa a la vez sin tener un conocimiento completo de la obra misma, y a veces me pregunto si existirá una obra escrita, o si será posible siquiera el escribir algo que una persona pueda llegar a relacionar de esa forma. Si bien es cierto que cuando uno escribe plasma una gran parte de uno mismo en el texto, lo que piensa, lo que cree, lo que sabe, en fin una gran cantidad de cosas que lo conforman a uno, que están en uno y que a veces uno mismo no es capaz de notar, esto no quiere decir que el resto de las personas necesariamente se relacionen con el texto, la situación, el sentimiento, pensamiento, sueño o deseo. Es cierto que hay obras con las que una gran cantidad de personas se identifica, comprende y aprecia, pero yo me pregunto, ¿será posible escribir algo para todos?

Creo que como escritor es una cuestión interesante de analizar, pero antes que nada es necesario aclarar que con "algo para todos", no me refiero a algo que guste a todos, algo que complazca a todos, porque eso es completamente imposible, sino algo con lo que todas las personas se puedan identificar, con una emoción o sentimiento, con una situación, con un contexto; aclarado esto debo decir, no lo se, no se si se pueda llegar a todos, tocar el corazón o mente de cada persona que se acerque a lo que escribes, probablemente sea algo  imposible, sin embargo me parece un buen objetivo, quizá incluso un objetivo noble el escribir no por vender o publicar, no por ganar fama o dinero, sino por dejar un poco de ti en cada mente y en cada corazón de las personas, como escritor aficionado, creo que es el sueño más bello al que puedo aspirar.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Día veinte. El cantante.

El saxofón rompe lentamente el silencio, una mujer al micrófono entra en la armonía, su voz dulce y potente llena la sala, un hombre sentado a la mesa observa al dúo con atención, mira, mira y recuerda, tiempos alegres, buenos recuerdos, recuerdos de una vida anterior.

Jude al bajo, y él en la guitarra, y alardeando con su voz, esa voz grave que hacía a todos detenerse a observar. Ese había sido su sitio por años, había sido su café, su escenario.

Jude se fue el verano pasado, le dio música a su vida, y él le dedicó su voz, le dio 3 hijos maravillosos, le dio, sin ella saberlo, toda su luz. Ahora viene cada que puede al viejo café y mira el escenario, y recuerda, recuerda a su amor, recuerda su luz.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Día diecinueve. Sin límite

He decidido escribir, al menos por está vez, sin límite de tiempo, simplemente dejaré salir las ideas de mi cabeza, lenta o rápidamente, fluir libremente sin pensar en cumplir con un tiempo y sin la presión de sentir que el tiempo se termina y debo cerrar una idea o pensar en la continuidad del texto, así que aquí vamos.

Noche

Esa noche la luna creciente brillaba en lo alto, como una sonrisa burlona que se desliza suavemente por las ventanas y pasillos de cada callejón de la ciudad.

Una gabardina gris con sombrero recorre las calles, alejada de la gente, las personas cruzan con él sin prestar atención a la oscuridad que cubre su rostro, no tiene rasgos, el lugar donde se encuentra su rostro es un vacío que parece tomar la luz del entorno para no volver más, guantes negros y un par de botas altas completan su imagen.

Vaga lentamente sin prestar atención al camino, no sabe a donde va y no es importante, sólo sigue su camino, evita la gente y la gente parece evitarlo sin intención.
Un giro incorrecto y termina en el fondo de un callejón, mira al frente por primera vez y un ojo grande y blanco se asoma desde las sombras, escudriña el muro; una mano se posa sobre su hombro, "vuelta equivocada amigo, te va a costar", la otra mano presiona un cuchillo contra la gabardina, al medio de la espalda. Se produce un silencio profundo, la luna da al ambiente contrastes de blanco y negro, como si el mundo se hubiera convertido en una película de cine mudo.

— Vamos amigo, rápido— la voz nerviosa rompe el silencio, debajo del sombrero se produce un sonido gutural, inhumano, grave y firme; gira lentamente y permite que la luna ilumine lentamente su rostro. Un ojo blanco y profundo mira intensamente desde una cuenca blanca, desencadenada...

viernes, 15 de noviembre de 2019

Día dieciocho. (Planteamiento de un algo)

Cuál sombras grises seis nubes se deslizan por el cielo, a la franca oscuridad, salen a destinos opuestos para no cruzarse nunca más, cuentan la historia de André, hundido en la miseria de perder su vida y su amor.

Seis nubes grises surcan el cielo, son las almas de una madre y cinco hijos, son los ecos sombríos del dolor, una espada yace en el suelo, la hoja enrojecida segadora del dolor.

En ése punto se jura una venganza, la venganza de un moribundo cuya alma penará, vagando por el mundo, buscando un guerrero que acepte la misión.


jueves, 14 de noviembre de 2019

Día diecisiete. Poema

Vuelve aquí estrella traviesa,
Vuelve a mi cielo estrella distante,
A tus ojos mi sueño comienza,
De tus luces soy observador constante.

Mira hacia abajo mi claro haz de luz,
Mira mi ojos con noble actitud,
Mira mi alma que brilla hacia ti, 
Refleja mi amor, celestial querubín.

Ven a mi alma mi estrella del sur,
Ven a mis ojos mi niña de luz.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Día dieciséis. Contrarreloj

Esta vez estoy bordeando la media noche, amparándome a los últimos minutos del día, esperando que las palabras me alcancen al menos de la misma forma precisa que me encaja el tiempo. Cuando comencé esto sabía he sería difícil, sobre todo por mi tendencia a procrastinar, pero creo, honestamente que me estoy excediendo en éste punto, estoy estirando demasiado las horas, estoy rozando los minutos, tentando mi suerte. Sí, estoy enfermo, sí, eso complica de forma significativa éste trabajo, complica la inspiración, complica la concentración, incluso el deseo de hacer las cosas, sin embargo creo que hay un poco más que eso, hay a la vez una pequeña batalla librándose en mi interior, entre fallar y no, rendirse y no, y es que las personas por naturaleza tendemos a buscar el camino fácil, a dejar las cosas de lado, a dejarnos de lado incluso a nosotros mismos, si eso nos significa menos trabajo, y yo creo firmemente que justo ése es el punto de inflexión, el llegar al momento en que tienes que elegir definitivamente entre el camino fácil y el difícil, y eliges el difícil por lo satisfactorio que podrá ser eso resultado.

Tomando por ejemplo éste caso particular, éste texto, lo escribo al borde de la media noche, con un más que ligero dolor de cabeza, con los ojos un tanto llorosos, contra el reloj que me da los minutos justos para escribir y publicar antes de la media noche, ¿pude escribir antes, en algún otro momento del día?, eso es más que seguro, y sin embargo dejé que me ganara la comodidad, la facilidad, me dejé llevar por un: "lo puedo hacer luego, más tarde, volviendo de..." incluso cuando vi el reloj diciendo 35 min para las 12 una parte de mi me dijo que lo dejara por hoy, que me rindiera, que me fallara pues a final de cuentas es algo que sólo es para mi, y la única consecuencia es conmigo, y es precisamente ése mismo pensamiento el que me convenció de hacerlo al final, porque ¿quién puede ser más importante para uno mismo que su propio ser?, uno sale al mundo, lo conoce y se prepara para las decepciones, se prepara para que otros fallen, para que otros le fallen, para que lo hieran, para que lo dejen atrás, sin embargo creo firmemente que nada te prepara para fallarte a ti mismo, nada te prepara para vestirte a ti mismo, y es acaso el crimen más grave que uno pueda cometer, porque los crímenes contra uno mismo son los más crueles por ser secretos, porque uno mismo es juez, jurado y verdugo, porque uno sólo es el que sabe el poco o mucho daño que es capaz de realizarse a si mismo, que tanto es capaz de abandonarse y que tanto le va a pesar.

No se, quizá alguien vea esto y realmente no lo entienda, no entienda porque simplemente no lo dejé para mañana con alguna excusa, porqué decidí escribir de igual manera si me siento mal, pero yo se bien, que el no abandonarme en una muestra más grande de afecto a mi mismo, es una muestra más grande de confianza, es un camino más difícil y que requiere un poco más de valor que rendirse simplemente, bueno en el menor de los casos, me deja una buena impresión de mi mismo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Día quince. Otra vez

Se que ves el título y puedes decir "¿Otra vez?, sólo hay un día quince, ¿Qué pasa aquí?"
Y tendrías razón, claro y es que la frustración me la llevo yo porque yo entiendo, porque justo cuando acabo de escribir un texto de 15 min sobre perder el tiempo, porque perdí 15 min de trabajo, pierdo el resto, y si, bien es lo que pasa, a veces uno pierde el tiempo intentando no perderlo, a veces el tiempo es el que lo pierde a uno, diría cuarteto de nos. Y es que para perder el tiempo lo único que hace falta es no aprovecharlo, no dar el siguiente paso, no avanzar, no superar los límites que te marcan ni salir de tu zona de confort, quedarte estático, inerte, como si la vida pasará por ti y no tu por ella, y pues bien, puesto que yo he decidido aprovechar mi tiempo haciendo lo que disfruto es que aquí estoy, escribiendo de nuevo, contándote la misma anécdota por segunda y, si Dios quiere, última vez, porque para contar cosas sobran las palabras, y bueno, si lees esto, si alguien lee esto en algún momento le recomendaría dos cosas, primera, la vida es una, una y nada más, aprovéchala al máximo y tan plenamente como puedas, y segunda, nunca dejes abierto tu texto en la año de blogger y cambies un instante de aplicación, por lo que más quieras, al menos guarda tu texto como borrador. ☺
Pd: sí, es un emoji, me gusta usar emojis, y justo ahora me viene bien dejarlo.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Día catorce. Letargo

(se recomienda acompañar con la siguiente música  Debussy-Preludio a la siesta del fauno, opción 2)

Suavemente se cierran los párpados y el cuerpo se vuelve pesado, poco a poco, lentamente, puedes sentir como te desconectas de la realidad lentamente, el sonido se va disipando, el vacío lo distancia cada vez más, pareciera que escucharas todo desde abajo del agua, la luz se convierte en destellos distantes, y todo, la realidad, parece dispersarse lentamente. Es interesante la entrada al mundo del sueño, ése instante, ése portal curioso en que todo se comienza a distorsionar, en que la conciencia se pierde lentamente, esos momentos en que aún sabes  que eres y quien eres, pero, lentamente tu conciencia se comienza a ablandar y derretir, como un bloque de mantequilla dejado al sol, conserva su forma pero al mínimo contacto se desvanece, cambia de forma y se pierde en la nada.

El instante en que se cruza el umbral de Morfeo es tan intrigante y misterioso, Dalí dedicó cientos de cuadros a este instante, Lovecraft creó todo un mundo onírico en el que explicar los sueños, y un místico portal que permitía cruzar físicamente ese umbral entre las dos realidades.

Ese instante en que la mente comienza a divagar y las ideas se van diluyendo es tan maravilloso dejarse llevar por esa sensación...
Tengo sueño, me voy

domingo, 10 de noviembre de 2019

Día trece. Un día normal.

Día a día la vida avanza, se abre camino en cada uno de nosotros y de todos esos seres pequeños o grandes que nos acompañan en nuestro viaje por el espacio en esta linda roca que llamamos hogar. A medida que el tiempo transcurre las personas formamos una rutina en nuestra vida, las cosas que de pequeños nos maravillaban se van transformando en situaciones cotidianas, nos acostumbramos al amanecer, a escuchar el canto de las aves, a ver las nubes atravesar el cielo, a los días de sol y los días de lluvia, las cosas pasan de ser llamativas y de despertar nuestra imaginación a ser una parte más de la vida, un pequeño parque se puede convertir en sólo una  parte más del camino, y día a día la vida va perdiendo su magia y se convierte, lentamente, en parte de la vida normal, dejamos de ver el cielo, bajamos la vista al camino, deambulamos por las calles presos del ruido, de las luces y sonidos de la ciudad, con la mirada atascada en los cientos de comentarios e imágenes en el celular, dejamos de ser partícipes del mundo para ser meros observadores de lo irreal, de lo falaz.

Pero la verdad más clara en todo esto, aquella que se esconde a simple vista es que la magia sigue ahí, nos rodea día a día aunque no levantemos la vista, aunque no seamos capaces de poderla apreciar, en un día como cualquiera el sol sale pintando en el cielo un amanecer único que nunca se repetirá, colores únicos, cielos rojos, nubes rosas, cientos de tonos que cambian lentamente, pinturas únicas que duran solamente un instante fugaz, un sol que se asoma por la mañana de formas tan diferentes que a veces pareciera una luz tenue que pudieras alcanzar; un día como cualquier otro podrías encontrarte caminando bajo un árbol frondoso lleno de aves diversas que cantan alegremente, que charlan entre ellas, a veces te parecería incluso que entiendes lo que dicen, podrías escuchar los insectos cantando alegremente en la hierba, echar en falta el pájaro carpintero que cada mañana veías picar alegremente el tronco de ese maravilloso árbol blanco, podrías notar las mariposas volar entre las flores, junto con los alegres colibríes, y ver las parvadas de aves recorriendo el cielo en migración, como en una maravillosa ola que se mece suavemente en el mar, podrías notar a la paloma enamorada, intentando llamar la atención de su paloma amada, verías los perros que juegan alegremente en sus patios meneando la cola, divirtiéndose con algo tan simple como un pedazo de cartón, alguno que otro gato sentado misterioso, haciéndose el interesante con su mística mirada y su actitud seria; si uno se detuviera un momento a apreciar el día a día veríamos que lo importante de esta vida no está en los negocios, en los tratos y acuerdos, que la belleza del mundo está en el día a día, en la magia de un día normal.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Día doce. El cuento del hada (1/?)

Matias dormía cada noche arropado por el abuelo. Comenzó cuando él era un bebé y su padre trajo a casa al abuelo, María, la madre, no había estado del todo de acuerdo desde el comienzo, el señor era un hombre grande y más que ayudar en casa les podía causar más problemas, sin embargo el estado de salud del hombre la convenció, no podía ya quedarse solo, y bastaron unas pocas semanas para que se diera cuenta de que llevarlo era la decisión correcta, no solo se encontraba más alegre y sano, sino que ayudaba en todo para con el pequeño, podría decirse que el niño se había convertido en su luz y su ilusión, pasaba las tardes con el bebé hasta que los padres llegaban del trabajo, y lo dormía siempre contándole un cuento diferente de los varios libros que tenía, y que comenzó a comprar sólamente para leer al pequeño. Y así día a día, una situación temporal se convirtió en una costumbre, en una rutina, y finalmente en la forma de vida de una familia.

Con los siete años cumplidos el pequeño le hizo una petición una noche al abuelo, quería que los dos crearan juntos una historia, que tejieran entre los dos la trama de una aventura fantástica, y fue más o menos así que comenzaron a crear juntos:

Hubo una vez un hada del bosque, vivía cerca de un claro lago donde por las noches se reflejaba la luna, los árboles cercaban el pequeño ojo de agua, de manera que el hada se sentía segura en tan hermoso lugar. 
Una tarde soleada, el hada vio a un joven apuesto adentrarse lentamente en el bosque, sin cuidar mucho el camino, como si su búsqueda se tratara encontrarse perdido. El joven vagó sin rumbo por varias horas, mientras el hada lo observaba a la distancia, curiosa, y observó con pesar cuando el joven se sentaba a la orilla de su lago, sin embargo, al darse cuenta de que sacaba algo de un bolso que llevaba al hombro su curiosidad pudo más que su temor y, lentamente, sin que el joven siquiera sospechara, se acercó lentamente por la espalda, miraba intrigada la pequeña rama que sostenía en la mano y que deslizaba sobre las hojas que tenía en un extraño envoltorio, eran hojas muy blancas, más que las de cualquier planta que hubiera visto jamás, y estaban cubiertas de alguna manera por algo que se parecía piel de algún animal. En un momento el joven levantó la vista y el hada se ocultó rápidamente tras el árbol desde el cual se asomaba. ¿le había visto, había escuchado?, sigilosamente el hada subió a la copa del árbol más grande y cercano que encontró y pasó la noche ahí, faltándole valor para volver a salir.

Día a día, o más bien, noche a noche, el abuelo y el pequeño construían lentamente la historia.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Día once. Cuestión de palabras.

A medida que escribo día con día me doy cuenta de que lo más importante de todo esto es decidirse a hacerlo, quiero decir, puede uno no tener la más mínima idea de que escribir, sin embargo, puestos a escribir, las palabras saldrán, es más sencillo de lo que parece, y a la vez más complicado.
Es más sencillo por ser cuestión de decisión, con decidirte a poner las palabras frente a ti, con decidirte a escribir puedes sacar adelante el texto del día, la idea del día.
Es más complicado porque no siempre tienes la idea del día, no siempre tienes una idea clara de que harás, y es ahí donde cuesta trabajo, precisamente, tomar la decisión de escribir; abres el archivo nuevo o pones la pluma sobre el papel, preparas el temporizador, preparas la música o el silencio y le das inicio al tiempo, sin saber siquiera si estas seguro de querer iniciar ya, pero una vez hecho ya es demasiado tarde, sólo te queda seguir avanzando, sólo te queda poner las palabras en papel, en líneas de preferencia, que puedan formar párrafos, y si esos párrafos logran alguna idea, si logran tener sentido y congruencia, entonces puedes decir que estás del otro lado.

Honestamente creo que lo más difícil de hacer esto, o algo como esto, es tomar la decisión de hacerlo, armarse de valor, y avanzar día a día aún en contra de las expectativas, propias o ajenas. Porque cuando uno hace algo que quiere hacer, que le gusta hacer, como escribir en mi caso, una vez encaminado, por fuerza o por voluntad, el resto es más sencillo, sólo es cuestión de conocer palabras, de hilarlas lentamente y darles sentido, darle forma a la idea, darle un tema a las ideas, tanto así que quizá llegue el día en que pueda elegir el tema primero y las palabras después; supongo que es esa forma de escribir la que me hizo pensar lo que conté días atrás, que  mi brazo, que mi mano, sólo es un medio por el cual las palabras llegan al papel en la forma en la que eligen llegar, y que yo soy meramente un observador; es más que probable que no sea así, que realmente yo tenga alguna especie de construcción de las ideas dentro de mi mete a la cual sólo puedo acceder poco a poco, si, es probable que eso de ser sólo un medio para las palabras sea sólo una tontería, pero me gusta romantizar y jugar con la idea, valga la redundancia, de que las ideas no vienen de mi, no estoy realmente seguro de porqué, acaso sea por lo crítico que llegó a ser con mis propios textos e ideas, o por la poca fe que he puesto en ellas que quiero creer que no me pertenecen, que quiero juzgarlas como algo fuera de mi, y es más que probable, siempre he sido alguien que apoya la idea de separar al autor de la obra, y es que en las grandes obras, y en las pequeñas también, se vuelve irrelevante el autor, acaso se vuelva irrelevante a su vez el mensaje que quería enviar el autor, lo que quería decir, pues eso realmente será inalcanzable, lo realmente importante de una obra es lo que le dice a la persona que se acerca a ella; al menos para mí es lo que realmente cuenta en un texto, en una pintura, en una escultura, en una canción, no lo que la letra dice ni lo que está realmente plasmado ahí,  tampoco lo que el autor quiso decir al realizarla, pues esas cosas son las que siempre se escaparán de nosotros, sino lo que la "cosa" te transmite a ti, lo que entiendes, lo que sientes, el mensaje que recibes de lo que alguien plasmó. Puede alguien opinar que me equivoco, o alguien que estoy en lo correcto, o también pueden pensar que simplemente mi opinión no interesa, pero no dejará de ser para mí una forma interesante de ver el mundo y las cosas.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Día diez. Hablar de lo que no puedes hablar.

¿Cómo hace uno para hablar de algo que no puede hablar abiertamente? No, no es una pregunta retórica, no tengo la respuesta, no tengo todas las respuestas y por cada respuesta que encuentro me surgen 100 dudas más. Pero volviendo al punto, ¿cómo hace uno para hablar de algo, de alguien que no puede hablar? 

Es extraño, suele suceder que quiera hablar de una cosas y sólo de una cosa, me suele suceder que quiera gritar al mundo y no pueda, y tenga que permanecer en silencio, me gusta el misterio, me gusta conservar secretos, pero hay cosas que uno quiere gritar a los cuatro vientos. Y lo más curioso es que si fuera mi decisión, yo lo diría sin problemas, sin embargo hay situaciones en las que no tienes más opción que guardar silencio, hay ocasiones en que nada vale la pena por el riesgo.

Imagina por un momento que encuentras un tesoro maravilloso, y te gustaría gritar al mundo tu descubrimiento, pero una sola palabra podría borrarlo por completo, ¿cómo harías para hablar de las grandes esmeraldas y madreperlas? , ¿de los bellos instrumentos musicales que componen tu tesoro, de las estrellas fulgurantes que irradian blanca luz desde los cofres de marfil?, ¿de los perfumes de fruta y selva que manan de las bellas esculturas marmóreas?, ¿de los bellos contornos labrados que decoran las paredes que encierran, tibiamente, el corazón de una estrella adormecida?

¿Podrías gritar al mundo la belleza que guardas en tu mente y tu recuerdo, o serías capaz de ocultar al mundo lo que guarda tu corazón? Yo me sé incapaz de ocultar lo que siento, lo que pienso, lo que quiero, me se diáfano, transparente, se que esa luz que entró por mis ojos, que esa melodía que entró por mis oídos, no podrá ser negada jamás, se que vivirá en cada paso que de, que el mundo me verá y adivinará mi secreto, entenderá el misterio que habita en mí, sin comprender la causa, sin ser capaz de vislumbrar el motivo de mi sonrisa al amanecer.

Quizá algún día lo haga del todo, quizá algún día sea capaz de contar al mundo el tesoro que he encontrado, quizá algún día simplemente lo hable, lo describa en la pureza de sus partes, en la luz de sus motivos, quizá algún día las palabras que digo hoy tengan sentido, quizá el día de hoy que no he dicho nada, quizás, y sólo quizás, lo he dicho todo.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Día nueve. La cuchara en el piso.

Cuando se trata de buscar inspiración hay cientos de cosas diferentes que se pueden llegar a hacer, yo mismo, por ejemplo, he estado escribiendo últimamente con música en el ambiente. Puede llegar a ser increíble la fuente de inspiración que ha dado vida a cientos de obras diversas a través del tiempo, y no sólo hablamos de literatura sino de música, pintura, escultura, y de cualquier forma de expresión artística pues tiene, como materia prima, la inspiración del artista.

Si miramos hacia atrás, a lo largo de la historia encontramos arte inspirada en mitos, en leyendas, en historias, en la naturaleza, en la belleza de un hombre o mujer particular, en anécdotas, en la vida misma. Cada pequeño tema tiene sus adeptos, bellas palabras dedicadas a una flor, a la primavera, a una linda joven, a un amor no correspondido, al amor que se fué, a los amigos que se van o se celebran; pinceladas para el recuerdo, de ríos, de amores, de historias antiguas, de mitos, de movimientos; uno puede sentir el frío del invierno en las claras notas de Vivaldi, sentir el amor en los acordes, llorar amargamente con las baladas, una simple nota puede hacer vibrar lo más profundo del ser.

He leído mucho, escuchado mucho, observado mucho y sé que aún hay mucho que me falta por conocer, y aún así no creo que pueda encontrar una fuente de inspiración tan particular como la cuchara en el piso. No es fácil entender que llevó a Dalí a su tan particular método de búsqueda de  inspiración para el arte, he escuchado la historia tantas veces que la creo, a pesar de no tenerlo confirmado, y es que suena tan novelesco que uno espera, quiere, desea, que sea real, y si eres de los que no saben a qué me refiero, la anécdota cuenta lo siguiente: cierta vez interrogaron a salvador Dalí sobre su método para encontrar la inspiración para las obras tan particulares que hacía, y él contestó que buscaba la inspiración dentro de sus mismos sueños, que se sentaba en una silla con una cuchara en la mano y comenzaba a dormir, y al llegar al punto del sueño profundo la cuchara caía al piso y él pintaba lo que en ése momento veía en su mente, que en ése momento era capaz de observar su subconsciente y pintar lo que había en el. Si suena surreal, pero claro que si, él pintaba surrealismo, parece una respuesta inventada a una profunda imaginación que no se podía explicar, y aún así me resulta hasta cierto punto romántica la idea de tener esa inspiración tan sólo de una cuchara en el piso.

martes, 5 de noviembre de 2019

Día ocho. El problema de la vida eterna.

 Inmortalidad, es un tema que ha intrigado a todas las razas y culturas de la historia a través de los años, mitos y leyendas se yerguen y se entremezclan alrededor de la vida eterna. La piedra filosofal, la fuente de la juventud eterna, el santo grial, ambrosía de los dioses, la maldición de drácula; incluso hoy en día se encuentra presente en cientos de películas, cómics y novelas, series de televisión y prácticamente cualquier medio de expresión.

Se dice que la vida eterna es algo que queremos alcanzar como humanos, psicólogos concuerdan en que es una respuesta natural a nuestro temor a la muerte, y por lo tanto razonable en la existencia del ser humano, justo ahora se llevan a cabo investigaciones a lo largo y ancho del mundo intentando desvelar los misterios de la inmortalidad en la naturaleza, la ciencia hace años concluyó que nuestro ADN, tiene fecha de caducidad, una vez agotados los telómeros que protegen nuestro código genético, el siguiente paso es la muerte por vejez.

Cientos, quizá miles de años de ciencia humana dedicados a alcanzar la inmortalidad, y aún así todo lo que sabemos es nada. Y sucede el problema humano por excelencia, somos como esos perritos siguiendo autos por la calle, intentando alcanzar lo imposible, y viene la pregunta, si logramos alcanzarlo, ¿qué haríamos con ello?, somos inmortales, ¿y luego?, ¿qué sigue?

El problema de la inmortalidad es que la vida pierde todo propósito, cada uno de nosotros, siendo consciente de nuestro margen de existencia, tenemos metas y propósitos, y esperamos, soñamos, anhelamos, que la vida nos alcance para cubrirlo todo, pero si eso no fuera un limitante ¿haríamos siquiera la mitad de las cosas que anhelamos?, día a día cientos de decisiones únicas se toman en éste mundo, no tenemos forma de vivir algo similar, cada paso que damos nos lleva por un camino único, sin retorno, y sin tiempo de una segunda oportunidad, y es acaso el conocimiento y consciencia de éste hecho lo que nos lleva a la toma misma de decisiones.

Para la vida eterna, para un inmortal, la vida de una persona se reduce a un parpadeo, algo tan efímero como insignificante en su margen de tiempo, ¿qué harías con tanto tiempo?, ¿cómo se sentirá ver nacer y morir a tus seres queridos, uno tras otro generación tras generación, ver a hombres y mujeres, a naciones enteras cometer el mismo error una y otra vez, y convertirse a sí mismo en un vigilante, en un observador fuera del tiempo, ver al mundo nacer y morir una y otra vez?.

Para la inmortalidad mi vida es un parpadeo, una hoja tirada al viento, pero qué más da, si lo efímero de la vida es lo que da valor a este instantaneo acontecimiento.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Día siete. De las nubes

Las nubes tienen miles de formas, pero contrario a lo que pueda pensar la mayoría de las personas, las nubes tienen una cara definida, todas de la misma forma, como si todas juntas formaran parte  de un infinito rompecabezas celestial, si pasáramos más tiempo mirando al cielo, veríamos que las nubes tienen, al fondo, una cara "plana", al menos en apariencia, curvada en la forma de la bóveda celeste.


Mirar arriba, mirar al cielo nos permite ver el mundo de formas diferentes, las cosas pueden no tener la forma que aparentan, las nubes, en su claro ejemplo, asemejan pequeñas babosas que se deslizan por el firmamento, fijas en una cúpula imperceptible, aparentando tantas formas y figuras, pareciendo siempre tan diferentes, en su lento andar de caracolas, cuando una nube se rompe, cuando la lluvia finalmente cae, es un proceso maravillosamente imperceptible, se rompe la cáscara, se abre esa cúpula que la sujeta en el horizonte, y suavemente baja, con lluvia pesada o llovizna ligera. La nube se desvanece lentamente, se derrama al borde del firmamento por una grieta misteriosa en la burbuja atmosférica que la sostiene, y una vez que cae, el cielo no volverá nunca a ser igual, habrá perdido una pieza de su complemento, bajará la nube lentamente sobre nosotros y se volverá parte de nuestro ser, pero también nos volveremos parte de ella, y entonces, un día, cuando esa nube vuelva, en otro lugar, con otra forma, sobre una tierra diferente, seremos parete de ése mismo cielo.

Por eso hay que mirar al cielo, por eso miro hacia arriba la mayor parte del tiempo, porque en cada una de esas nubes hay una parte mía, una parte nuestra, una parte de nuestros sueños e ilusiones, y nos son tan familiares que les encontramos forma, sentido y razón, vemos algodón y vemos corderos, vemos rostros, vemos animales, vemos alas, vemos sueños, pero vemos también un reflejo de nuestros deseos, de los de cada uno de nosotros. Esa pequeña nube con forma de dinosaurio pudo ser el sueño tierno de un niño pequeño, esa nube grande que parece un cocodrilo aterrador, es el sueño del ansioso cazador, esos barcos, son las naves cargando nuestros más dulces sueños e ilusiones. Miremos las nubes y recordemos nuestros sueños de pequeños.


domingo, 3 de noviembre de 2019

Día seis. Pensamientos nocturnos.

Como alguien que tiende a pasar las noches en vela, sin poder dormir, sin querer dormir, creo que hay una o dos cosas que sé respecto a los pensamientos nocturnos. Lo primero es que llegan sin avisar, pero sin que te preguntes en qué momento llegaron, es como si siempre hubieran estado ahí, como si fueran un viejo amigo; si bien tienden a ser ansiedad y preocupaciones personales, a veces surgen del fondo de uno mismo, salen a la luz en la oscuridad, nos invaden, se presentan, y se quedan con uno más para acompañar nuestro insomnio que para acompañarlo.

Suele ser durante la noche que se resuelven o emergen grandes conflictos e inquietudes, se toman decisiones importantes, se adquieren actitudes, se atan cabos, se llega a conclusiones. Pueden salir a flote dudas o preocupaciones que conscientemente intentamos ocultar, dudas en uno mismo, en los demás, temores, incluso puede desatarse un mar de emociones de una situación que "contuvimos" en el día, o hace unos días, o semanas, o quizá que llegan después de tiempo sin que nosotros mismos sepamos hace cuanto estaba eso ahí. Pero si hay algo cierto es que todos estos conflictos vienen de un lugar, son viejos conocidos, son pequeñas partes de nosotros mismos, y eso es lo que asusta tanto; en la sociedad actual el mundo está rodeado de imágenes, de palabras, de ideas, de cientos de cosas que ocupan nuestra mente, nuestro tiempo, y no nos damos tiempo de conocernos a nosotros mismos. Justo ése es el más grande de nuestros miedos al estar sólos, al estar con nosotros mismos, que estamos con un desconocido, que a final de cuenta llegamos a no saber quienes somos, que queremos, que llega alguien y nos pide una breve descripción de nuestra persona, como en la canción de Cuarteto de Nos, y no somos capaces de decir quien somos, y suele suceder que lo que creemos que somos no encaja con lo que en realidad somos, ni con lo que decimos que somos, y dudamos de nosotros mismos, y estamos en conflicto intentando demostrar al mundo que somos lo que decimos o creemos buscamos que los demás nos acepten para así validar nuestras palabras, pero no podemos engañarnos a nosotros mismos.

Esta noche iré a dormir temprano, más no se si lo haré, lo único que puedo asegurar es que si se acerca a mí un pensamiento nocturno, lo recibiré con los brazos abiertos, me sumergiré dentro de él, sea lindo, bueno, duro, o cruel, porque ciertamente es atemorizante enfrentarte a una parte de ti mismo que no conoces o te cuesta aceptar, pero si hay algo que realmente me aterra es nunca llegar a conocerme a mi mismo. Por más que uno pueda pensar en cientos de cosas que puedan ser malas o temibles de uno mismo, no creo que haya algo más terrible que la única persona con la que compartes realmente tu vida sea un completo desconocido.



sábado, 2 de noviembre de 2019

Día cinco. La Habitación de Mal

Una ventana blanca con vista al valle verde, con un escritorio al pie con un cuaderno de cuadro chico, un lápiz, una pluma, un lapicero, borrador y sacapuntas, tres libros apilados en una esquina, se pueden leer los títulos en el tomo, la cama desordenada, una mesita de noche con su luz, el armario abierto, un par de blusas y pantalones colgando de la cama, tirados por el piso, un par de zapatos deportivos en mitad del pasillo entre el armario y la cama, la luz encendida y una fina capa de polvo cubriendo todo. Los cantantes y artistas miran desde los afiches al vacío, así como yo no han visto a Mallory desde hace tres días. No he movido nada, todo está exactamente donde lo dejó, sólo miro desde la puerta y recuerdo sus palabras, "recojo mi cuarto cuando vuelva, déjalo así", y eso he hecho, sólo miro desde la puerta, expectante, esperando abrir la puerta y encontrarla ordenando su habitación para entrar y darle un abrazo. 
Dicen en las noticias que la crecida del río se llevó a una chica frente a los ojos de un hombre, dicen los vecinos que debería preguntar, la gente dice muchas cosas, yo sólo camino y espero, recorro su ruta a la escuela, abrazo su bufanda que encontré en la baranda del puente, la tengo en mis manos. Mallory no puede tardar más, entro por fin a su cuarto, me siento en su cama, la esperaré aquí, estaré aquí sentado en la habitación de mi Mallory, en la habitación de Mal.




El día de hoy el texto es más corto, pero dejo mi primer historia en el blog.
Espero le guste a aquella persona que la lea, y acepto críticas constructivas y consejos.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Día cuatro. El problema de las ideas.

En estos momentos me doy cuenta de la complejidad de la tarea a la que me enfrento, me propuse escribir todos los días, de aquí en adelante, 30 min al día, para este blog, sin embargo dejé de lado algo muy importante cuando me hice el planteamiento de este proyecto, la dimensión, ¿habrá tantas ideas en mi cabeza para escribir algo diferente todos los días de hoy y en adelante?
Justamente ayer me enfrentaba al problema de no saber sobre qué escribir, y hoy también, no es de extrañar que publique cada vez más tarde, claro que no estoy pensando en renunciar, sería ridículo hacerlo sin al menos intentarlo, sin embargo ahora me doy cuenta de la magnitud, y creo que es algo realmente abrumador. Ahora entiendo porqué estos proyectos se ven día a día, si uno lo ve a futuro, si lo pienso a futuro, la complejidad crece y se vuelve algo intimidante. Puedo pensar siete ideas diferentes para una semana, se que de algún modo llegaría a los 15 días, con más trabajo llegaría al mes, pero ¿qué tal el día siguiente?, ¿es posible siquiera llegar al año?, ¿y al siguiente día? Porque un proyecto así se plantea siempre con un +1, todos los días que piensas, mas uno, siempre pretendes llegar más lejos, avanzar un poco más, pero si el pensar la idea de hoy me cuesta trabajo ¿cómo me irá mañana?, ¿y pasado?, ¿y al día siguiente?
Tampoco es cuestión de pensarlo demasiado, es probable que en este momento las ideas que pueda plantear lleguen al siguiente mes, a la siguiente semana, pero éste proyecto, algo como esto, no debería ser planteado de ésta forma. La mejor forma de hacerlo, de plantearlo, la forma positiva, sería pensar en todas las ideas que tienes hoy, pues en el presente, en el momento en que te encuentras intentando alcanzar tu meta, tienes y puedes tener más ideas de las que necesitas, hoy sólo necesitas una, una frase, una canción, una situación, una palabra que te haga pensar o que te motive a actuar, y es que en un día la inspiración puede venir de cualquier lugar, presente, pasado y futuro; y bueno, tampoco es necesario que sea una gran idea, o una idea maravillosa, única o especial, una idea puede ser simplemente una idea, puede parecer una tontería, o demasiado simple, o compleja, pero la cuestión aquí es que no hay medida, creando algo como esto no necesitas algo que se ajuste a un estándar, a un tema, a un contexto, dar vida a una idea al día es simplemente eso, desarrollarla, alimentarla (en mi caso) de palabras, y ver como toma posesión de cada una de ellas, como va creciendo letra a letra, línea a línea, como va tomando forma y llega a tener cuerpo propio, ¿crece bien?, ¿crece mal?, eso no lo se, y en éste momento no es mi trabajo juzgarlo, solo dejarlo ser, dejarlo vivir y llegar ¿a quién?, no se, al mundo supongo dejarlo estar, dejarlo ser. 

Cuando escribía poemas hace tiempo solía decir que no eran míos, que no eran mis ideas, que la pluma era sólo una extensión de mi mano y que a través de mi es que esas ideas, esas palabras llegaban al mundo en la forma en que lo hacían, aún creo en eso, al menos en el fondo, supongo que escribir todo esto, y todo lo que viene sólo requiere que vea las cosas de la misma forma, y vea estos textos, éstas ideas, como palabras que eligen venir de mí de alguna forma.