sábado, 16 de noviembre de 2019

Día diecinueve. Sin límite

He decidido escribir, al menos por está vez, sin límite de tiempo, simplemente dejaré salir las ideas de mi cabeza, lenta o rápidamente, fluir libremente sin pensar en cumplir con un tiempo y sin la presión de sentir que el tiempo se termina y debo cerrar una idea o pensar en la continuidad del texto, así que aquí vamos.

Noche

Esa noche la luna creciente brillaba en lo alto, como una sonrisa burlona que se desliza suavemente por las ventanas y pasillos de cada callejón de la ciudad.

Una gabardina gris con sombrero recorre las calles, alejada de la gente, las personas cruzan con él sin prestar atención a la oscuridad que cubre su rostro, no tiene rasgos, el lugar donde se encuentra su rostro es un vacío que parece tomar la luz del entorno para no volver más, guantes negros y un par de botas altas completan su imagen.

Vaga lentamente sin prestar atención al camino, no sabe a donde va y no es importante, sólo sigue su camino, evita la gente y la gente parece evitarlo sin intención.
Un giro incorrecto y termina en el fondo de un callejón, mira al frente por primera vez y un ojo grande y blanco se asoma desde las sombras, escudriña el muro; una mano se posa sobre su hombro, "vuelta equivocada amigo, te va a costar", la otra mano presiona un cuchillo contra la gabardina, al medio de la espalda. Se produce un silencio profundo, la luna da al ambiente contrastes de blanco y negro, como si el mundo se hubiera convertido en una película de cine mudo.

— Vamos amigo, rápido— la voz nerviosa rompe el silencio, debajo del sombrero se produce un sonido gutural, inhumano, grave y firme; gira lentamente y permite que la luna ilumine lentamente su rostro. Un ojo blanco y profundo mira intensamente desde una cuenca blanca, desencadenada...

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