viernes, 8 de noviembre de 2019

Día once. Cuestión de palabras.

A medida que escribo día con día me doy cuenta de que lo más importante de todo esto es decidirse a hacerlo, quiero decir, puede uno no tener la más mínima idea de que escribir, sin embargo, puestos a escribir, las palabras saldrán, es más sencillo de lo que parece, y a la vez más complicado.
Es más sencillo por ser cuestión de decisión, con decidirte a poner las palabras frente a ti, con decidirte a escribir puedes sacar adelante el texto del día, la idea del día.
Es más complicado porque no siempre tienes la idea del día, no siempre tienes una idea clara de que harás, y es ahí donde cuesta trabajo, precisamente, tomar la decisión de escribir; abres el archivo nuevo o pones la pluma sobre el papel, preparas el temporizador, preparas la música o el silencio y le das inicio al tiempo, sin saber siquiera si estas seguro de querer iniciar ya, pero una vez hecho ya es demasiado tarde, sólo te queda seguir avanzando, sólo te queda poner las palabras en papel, en líneas de preferencia, que puedan formar párrafos, y si esos párrafos logran alguna idea, si logran tener sentido y congruencia, entonces puedes decir que estás del otro lado.

Honestamente creo que lo más difícil de hacer esto, o algo como esto, es tomar la decisión de hacerlo, armarse de valor, y avanzar día a día aún en contra de las expectativas, propias o ajenas. Porque cuando uno hace algo que quiere hacer, que le gusta hacer, como escribir en mi caso, una vez encaminado, por fuerza o por voluntad, el resto es más sencillo, sólo es cuestión de conocer palabras, de hilarlas lentamente y darles sentido, darle forma a la idea, darle un tema a las ideas, tanto así que quizá llegue el día en que pueda elegir el tema primero y las palabras después; supongo que es esa forma de escribir la que me hizo pensar lo que conté días atrás, que  mi brazo, que mi mano, sólo es un medio por el cual las palabras llegan al papel en la forma en la que eligen llegar, y que yo soy meramente un observador; es más que probable que no sea así, que realmente yo tenga alguna especie de construcción de las ideas dentro de mi mete a la cual sólo puedo acceder poco a poco, si, es probable que eso de ser sólo un medio para las palabras sea sólo una tontería, pero me gusta romantizar y jugar con la idea, valga la redundancia, de que las ideas no vienen de mi, no estoy realmente seguro de porqué, acaso sea por lo crítico que llegó a ser con mis propios textos e ideas, o por la poca fe que he puesto en ellas que quiero creer que no me pertenecen, que quiero juzgarlas como algo fuera de mi, y es más que probable, siempre he sido alguien que apoya la idea de separar al autor de la obra, y es que en las grandes obras, y en las pequeñas también, se vuelve irrelevante el autor, acaso se vuelva irrelevante a su vez el mensaje que quería enviar el autor, lo que quería decir, pues eso realmente será inalcanzable, lo realmente importante de una obra es lo que le dice a la persona que se acerca a ella; al menos para mí es lo que realmente cuenta en un texto, en una pintura, en una escultura, en una canción, no lo que la letra dice ni lo que está realmente plasmado ahí,  tampoco lo que el autor quiso decir al realizarla, pues esas cosas son las que siempre se escaparán de nosotros, sino lo que la "cosa" te transmite a ti, lo que entiendes, lo que sientes, el mensaje que recibes de lo que alguien plasmó. Puede alguien opinar que me equivoco, o alguien que estoy en lo correcto, o también pueden pensar que simplemente mi opinión no interesa, pero no dejará de ser para mí una forma interesante de ver el mundo y las cosas.

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