miércoles, 13 de noviembre de 2019

Día dieciséis. Contrarreloj

Esta vez estoy bordeando la media noche, amparándome a los últimos minutos del día, esperando que las palabras me alcancen al menos de la misma forma precisa que me encaja el tiempo. Cuando comencé esto sabía he sería difícil, sobre todo por mi tendencia a procrastinar, pero creo, honestamente que me estoy excediendo en éste punto, estoy estirando demasiado las horas, estoy rozando los minutos, tentando mi suerte. Sí, estoy enfermo, sí, eso complica de forma significativa éste trabajo, complica la inspiración, complica la concentración, incluso el deseo de hacer las cosas, sin embargo creo que hay un poco más que eso, hay a la vez una pequeña batalla librándose en mi interior, entre fallar y no, rendirse y no, y es que las personas por naturaleza tendemos a buscar el camino fácil, a dejar las cosas de lado, a dejarnos de lado incluso a nosotros mismos, si eso nos significa menos trabajo, y yo creo firmemente que justo ése es el punto de inflexión, el llegar al momento en que tienes que elegir definitivamente entre el camino fácil y el difícil, y eliges el difícil por lo satisfactorio que podrá ser eso resultado.

Tomando por ejemplo éste caso particular, éste texto, lo escribo al borde de la media noche, con un más que ligero dolor de cabeza, con los ojos un tanto llorosos, contra el reloj que me da los minutos justos para escribir y publicar antes de la media noche, ¿pude escribir antes, en algún otro momento del día?, eso es más que seguro, y sin embargo dejé que me ganara la comodidad, la facilidad, me dejé llevar por un: "lo puedo hacer luego, más tarde, volviendo de..." incluso cuando vi el reloj diciendo 35 min para las 12 una parte de mi me dijo que lo dejara por hoy, que me rindiera, que me fallara pues a final de cuentas es algo que sólo es para mi, y la única consecuencia es conmigo, y es precisamente ése mismo pensamiento el que me convenció de hacerlo al final, porque ¿quién puede ser más importante para uno mismo que su propio ser?, uno sale al mundo, lo conoce y se prepara para las decepciones, se prepara para que otros fallen, para que otros le fallen, para que lo hieran, para que lo dejen atrás, sin embargo creo firmemente que nada te prepara para fallarte a ti mismo, nada te prepara para vestirte a ti mismo, y es acaso el crimen más grave que uno pueda cometer, porque los crímenes contra uno mismo son los más crueles por ser secretos, porque uno mismo es juez, jurado y verdugo, porque uno sólo es el que sabe el poco o mucho daño que es capaz de realizarse a si mismo, que tanto es capaz de abandonarse y que tanto le va a pesar.

No se, quizá alguien vea esto y realmente no lo entienda, no entienda porque simplemente no lo dejé para mañana con alguna excusa, porqué decidí escribir de igual manera si me siento mal, pero yo se bien, que el no abandonarme en una muestra más grande de afecto a mi mismo, es una muestra más grande de confianza, es un camino más difícil y que requiere un poco más de valor que rendirse simplemente, bueno en el menor de los casos, me deja una buena impresión de mi mismo.

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