Es extraño, suele suceder que quiera hablar de una cosas y sólo de una cosa, me suele suceder que quiera gritar al mundo y no pueda, y tenga que permanecer en silencio, me gusta el misterio, me gusta conservar secretos, pero hay cosas que uno quiere gritar a los cuatro vientos. Y lo más curioso es que si fuera mi decisión, yo lo diría sin problemas, sin embargo hay situaciones en las que no tienes más opción que guardar silencio, hay ocasiones en que nada vale la pena por el riesgo.
Imagina por un momento que encuentras un tesoro maravilloso, y te gustaría gritar al mundo tu descubrimiento, pero una sola palabra podría borrarlo por completo, ¿cómo harías para hablar de las grandes esmeraldas y madreperlas? , ¿de los bellos instrumentos musicales que componen tu tesoro, de las estrellas fulgurantes que irradian blanca luz desde los cofres de marfil?, ¿de los perfumes de fruta y selva que manan de las bellas esculturas marmóreas?, ¿de los bellos contornos labrados que decoran las paredes que encierran, tibiamente, el corazón de una estrella adormecida?
¿Podrías gritar al mundo la belleza que guardas en tu mente y tu recuerdo, o serías capaz de ocultar al mundo lo que guarda tu corazón? Yo me sé incapaz de ocultar lo que siento, lo que pienso, lo que quiero, me se diáfano, transparente, se que esa luz que entró por mis ojos, que esa melodía que entró por mis oídos, no podrá ser negada jamás, se que vivirá en cada paso que de, que el mundo me verá y adivinará mi secreto, entenderá el misterio que habita en mí, sin comprender la causa, sin ser capaz de vislumbrar el motivo de mi sonrisa al amanecer.
Quizá algún día lo haga del todo, quizá algún día sea capaz de contar al mundo el tesoro que he encontrado, quizá algún día simplemente lo hable, lo describa en la pureza de sus partes, en la luz de sus motivos, quizá algún día las palabras que digo hoy tengan sentido, quizá el día de hoy que no he dicho nada, quizás, y sólo quizás, lo he dicho todo.
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